De hackers a héroes: la historia de Hector Monsegur


En Túnez, uno de los países africanos más cercanos a la Unión Europea después de Marruecos, un joven se inmoló en público y lo que comenzó como revuelta acabó como revolución. La llamada primavera árabe había estallado y con ello una oleada de liberación y esperanza que intentaba combatir 23 años de un régimen absolutista. La primera semana del año 2011 amaneció con las páginas del gobierno tunecino colapsadas con un sólo mensaje: "Ustedes son anónimos, ustedes no olvidarán, ustedes no perdonarán". El grupo de hacktivistas Anonymous se encargó de tirar las páginas del gobierno del país en apoyo a la protesta y, en gran parte, la persona detrás de esto era un chico detrás de una computadora en uno de los barrios más pobres de Nueva York. En ese mismo tiempo, empresas como PayPal y Master Card también sufrieron ataques realizados bajo la misma mano anónima, cuya única huella era un alias: Sabu.


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Sabu no siempre fue Sabu, antes de volcarse a la red era solo Hector Monsegur, un chico de clase baja abandonado por sus padres y criado por su abuela. Monsegur, para apoyar a su familia, decidió hacerse cargo de sus dos sobrinos menores y, con ello, decidió involucrarse en algo que pudiera aprender por su cuenta. Estudió hasta noveno grado, lo equivalente a tercero de secundaria y, buscando alguna actividad para poder apoyar a su abuela, se hizo de una computadora. Sus primeros crímenes fueron para pagar un servicio de internet.


Completamente autodidacta, comenzó robando y vendiendo información de tarjetas de crédito hasta que llegó a los ojos de un grupo de activistas y hackers a punto de despegar. La idea era sencilla: un colectivo anónimo que fungiera como una sola entidad, capaz de combatir la opresión y luchar contra las grandes corporaciones. Según el mismo Monsegur, "Anonymous es una idea, una idea donde todos podíamos ser... anónimos, trabajando en conjunto, unidos, para levantarnos y pelear contra la opresión. Sentí que finalmente estaba haciendo algo para la sociedad pese a estar en mi casa, en mi computadora, en el Lower East Side. Sabía que hackear era ilegal pero cuando llevas tanto tiempo haciéndolo, llega un punto de no retorno, pese a que temas que un día te atraparán, no te importa, y es muy tarde".


En paralelo a esto, Sabu lanzó su propio grupo de hackers, llamado LulzSec, a través del cual atacó a compañías inmensas, como Mastercard, Visa y Sony, llegando incluso a irrumpir en la red del Senado de los Estados Unidos. De acuerdo a estimados, los daños ocasionados por los ataques de Monsegur ascendieron a 50 millones de dólares, con muchas otras secuelas invaluables.


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Sabu tenía un imperio bajo sus dedos: sólo necesitaba una computadora con internet para poder acceder a lo que deseaa. Su último ataque fue a una red del FBI llamada InfraGard: un mecanismo de intercambio de información para la protección de activos de seguridad en la red. Y pese a que él creyó que el ataque había sido un éxito, a los dos días había agentes del FBI detrás de su puerta, con una clara amenaza: "sabemos quién eres, sabemos lo que haces, sabemos que estás a cargo de dos niños pequeños", y le dieron una opción, cooperar con ellos o pasar el resto de su vida (y más), tras las rejas: su sentencia se extendía a 124 años por los crímenes y pérdidas internacionales que había ocasionado. En ese instante su sombrero cambió de negro a blanco y comenzó a trabajar como informante del FBI. Su labor fue simple: nunca reveló nombres, nunca apuntó dedos, lo único que hizo fue logear todas sus acciones a una base de datos compartida con el Buró de Investigaciones. Con esto, se han prevenido más de 300 ciberataques a sistemas controlados por el Pentágono, la NASA y el ejército estadounidense.



En marzo del 2012, cuando se hizo pública la alianza entre Monsegur y el FBI, Anonymous publicó un mensaje en su cuenta de Twitter, un tanto amenaza, un tanto muestra de resiliencia: "#Anonymous es como una Hydra, si nos cortan una cabeza, creceremos dos"; muchos creen que este mensaje fue a una respuesta a la traición de Sabu; sin embargo, Monsegur sostiene que él nunca ha señalado a nadie, sólo provee información e inteligencia. El gobierno de Estados Unidos ha aprovechado la visión y capacidad del hacker para analizar la infraestrctrura web del país, sin embargo Monsegur no es tan positivo, pues adivierte, en una cita sacada de los cómics: "¿Quién vigila a los vigilantes?". Las amenazas son reales y la vulnerabilidad de la red es explícita; el mensaje que Sabu comparte es que, de haber crecido en otro contexto, de haber tenido otras oportunidades, seguro jamás habría caído en las redes del crimen, la juventud sólo necesita a alguien que les señale la dirección correcta.






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